María Salomé Arias López, la estudiante del Colegio VID que convierte el arte en gratitud

Este año, el Colegio VID se llena de orgullo al despedir a la Generación 20, un grupo de 57 jóvenes que cierran una etapa llena de aprendizajes, sueños y amistad.

 

Como homenaje a su paso por la institución, compartimos las historias de algunos estudiantes que reflejan los valores que nos inspiran: confianza, respeto, integridad, solidaridad y servicio.

 

Cada uno, desde su talento, representa la esencia de una promoción comprometida, creativa y llena de esperanza.

 

Porque en el Colegio VID todos dejan huella, y estos perfiles son solo una muestra del espíritu que caracteriza a esta generación.

María Salomé Arias López: el arte como forma de paciencia y gratitud

¿Qué valor de nuestra Organización VID define tu paso por el Colegio VID y por qué?

“Me identifico con la confianza porque aprendí a creer en mí, en lo que puedo lograr y también en las habilidades que tienen los demás”.

María Salomé Arias López se convirtió en artista gracias al amor y el apoyo de sus padres. En su habitación tiene más de 400 marcadores, que le ayudan a crear los mundos que imagina.

 

Es la primera artista de la familia. Su familia, compañeros y amigos la describen como una joven sensible, tierna, comprometida y creativa.

 

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“Es muy bondadosa y siempre tiene deseos de ayudar a los demás. Dibujar y pintar es lo que más le gusta hacer en la vida, es muy dedicada”, describe su mamá, Yaneth López.

 

Era todavía una niña cuando empezó a realizar sus primeros trazos y juegos con los colores. Sus padres siempre la apoyaron: le compraban materiales, la animaban a explorar y celebraban cada creación.

 

“Ellos hicieron el esfuerzo por conseguir todo lo que necesitaba. Gracias a ese apoyo, el arte se volvió parte de mí”, cuenta Salomé.

 

En su mundo, los pinceles, las acuarelas y los colores son herramientas para expresar lo que a veces las palabras no logran.

 

Aprendió empíricamente a pintar y a hacer lettering. Veía videos y practicaba sin descanso. Hace un par de años tomó unas clases cortas de pintura, pero la mayoría de lo que sabe lo adquirió observando, probando y equivocándose.

 

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“Ella es una niña súper especial. Tiene habilidades geniales para el dibujo, la pintura y las artes plásticas. Siempre le hemos aconsejado que, todo lo que haga en la vida, lo disfrute para que sea muy feliz”, señaló Alveiro Arias, su papá.

 

De niña admiraba a Frida Kahlo, y aunque hoy no tiene un solo referente, reconoce que su inspiración varía según el día y lo que quiera transmitir.

“Depende mucho de lo que siento. A veces quiero que las personas entiendan algo, otras veces solo quiero disfrutar del proceso”, dice.

 

En el Colegio VID, Salomé no solo fortaleció su talento, sino también su forma de ver la vida. “He aprendido a ser paciente, a no preocuparme por lo que no ha pasado, a vivir el presente”, reflexiona.

 

Su sueño es claro:

“Quiero hacer sentir orgullo a mi familia y devolverles todo lo que me han dado. Quiero estudiar algo que me haga feliz y salir adelante con todo lo que pueda”.

 

María Salomé Arias es ejemplo de que el arte no solo se pinta o se esculpe: también se vive. En sus manos, la creatividad se convierte en una manera de agradecer, aprender y construir futuro. Quiere ser arquitecta y diseñadora industrial.

 

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