Este año, el Colegio VID se llena de orgullo al despedir a la Generación 20, un grupo de 57 jóvenes que cierran una etapa llena de aprendizajes, sueños y amistad.
Como homenaje a su paso por la institución, compartimos las historias de algunos estudiantes que reflejan los valores que nos inspiran: confianza, respeto, integridad, solidaridad y servicio.
Cada uno, desde su talento, representa la esencia de una promoción comprometida, creativa y llena de esperanza.
Porque en el Colegio VID todos dejan huella, y estos perfiles son solo una muestra del espíritu que caracteriza a esta generación.
La palabra que define el paso de Samantha Puerta Sánchez por el Colegio VID es alegría. Para ella, la alegría no es algo constante, sino una emoción que aparece cuando debe aparecer y que la acompañó para disfrutar cada momento vivido.
Le encanta hacer manualidades, ver anime y, como dice entre risas, “hacer pereza”. Lo que sí no disfruta es el aseo relacionado con la ropa ni caminar mucho tiempo.
Su personalidad se empezó a moldear desde que era niña, cuando jugaba a ser “la jefa” de todo: le gustaba liderar, organizar, tomar decisiones.
“Así suene feo, me gustaba mandar”, recuerda entre broma y sinceridad. Con los años, ese juego se convirtió en un espíritu de liderazgo auténtico, siempre orientado al bienestar de quienes la rodean.
Lo que más disfrutó del Colegio fueron sus amigos.
“Somos los mismos de toda la vida”, dice con cariño.
Cada año fortalecía sus relaciones o creaba nuevas, y atesora especialmente las anécdotas desde cuando eran pequeños: recuerdos que, como ella misma expresa, “me dan calidez en el corazón”.
En este camino descubrió algo valioso: el coraje que lleva dentro. Aprendió a explotar sus habilidades al 100%, a confiar en sí misma y, sobre todo, a disfrutar del momento. También reconoció que siempre tuvo a alguien que la aplaudiera y la impulsara a crecer.
Habla del Colegio VID con gratitud: valora profundamente los valores que le inculcaron, la disciplina con la que creció y lo acogedor que siempre fue este lugar para ella.
Cuando piensa en su futuro, sueña con algo sencillo pero inmenso: “un futuro tranquilo, donde pueda ser feliz y tenga paz”.
Y si la Generación 20 va a recordarla de alguna manera, a Samantha no le preocupa que sea como “la gritona regañona”. De hecho, lo asume con cariño.
Más que un gesto fuerte, ella sabe que siempre fue una manera de cuidar a los suyos:
“Quiero que se queden con la idea de que siempre lo hice pensando en el bienestar de todos. Los regañaba porque quería que estuvieran bien.”
Samantha Puerta Sánchez es la prueba de que la alegría también es un valor que acompaña, sostiene y une. Y que tener una amiga así marca la diferencia en cualquier generación.